Reseña Histórica – Parte I

El ferrocarril nació en la segunda mitad del siglo pasado (con la primera línea inaugurada en 1857) en un período en que la población local era escasa y los caminos prácticamente inexistentes. Esas condiciones iniciales explican una característica particular del sistema: la vía no reemplazó a otros medios de transporte sino que los creó, por primera vez en el país. Su traza final definió muchas de las variables que darían forma a la economía y la sociedad nacional. La expansión de la red dio origen e impulso a la parte decisiva de las actividades productivas que caracterizaron a la Argentina de las primeras décadas del siglo XX; ella constituyó un pivote decisivo del auge de la agricultura pampeana, así como dio fuerza a la producción de azúcar en Tucumán y a otras actividades regionales. Todo el sistema económico fue incentivado (o creado directamente) por esa nueva oferta de transporte masivo a bajo precio, que permitía a los habitantes de una extensa región geográfica entrar en contacto con el mercado mundial (y, a veces, con el local, que no siempre estaba cercano). Las numerosas estaciones de ferrocarril que se construyeron marcaron el origen de pueblos y ciudades, y contribuyeron a definir el espacio habitado del país. Los rieles quedaron íntimamente ligados a la sociedad y la economía local…

La fabulosa expansión de la red, que convirtió a la Argentina en uno de los países con mayor cantidad de kilómetros de vías en el mundo, se concentró en la región pampeana, la de mayor actividad productiva durante décadas. Ese transporte fue controlado por varios grupos británicos que se repartieron el mercado en zonas geográficas y tendieron a formar un trust para defender sus intereses en sus negociaciones con el gobierno argentino y los usuarios locales. En el apogeo del sistema, la provincia de Buenos Aires, tenía una densidad de vía por kilómetro cuadrado muy semejante a la lograda en Gran Bretaña, a pesar de la menor población y la ausencia de industrias pesadas. El exceso relativo de la construcción de vías fue la consecuencia de varios factores. En primer lugar, la ausencia de caminos vecinales que llevaran las cosechas desde las chacras a las estaciones, terminó resuelto por una mayor densidad de líneas férreas. Esa acumulación previa de inversiones parecía lógica en una primera etapa, cuando el optimismo y la especulación coincidían con la puja de los concesionarios por ocupar cada franja potencialmente atractiva del territorio; muy pronto, sin embargo, ella comenzó a exhibir ciertos efectos negativos. Ello se notó especialmente cuando la actividad agraria alcanzó una meseta en su capacidad de oferta, a mediados de la década del veinte.

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